El vientre

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Al comienzo todo era agua, oscuridad y calor, al comienzo estaba el vientre, el caldero mágico de la transformación.

Al comienzo de la humanidad estaba el alma y de la expresión del espíritu llegó el cuerpo, un cuerpo que para alimentar a lo etéreo que le da vida creo la expresión.

Pudo ser primero el sonido o tal vez el movimiento pero en la memoria antigua, el vientre, el sagrado vientre alimentó al alma bailando.

Y lo sagrado se volvió magia. En todos los rincones del universo resonó el mismo movimiento, resonó el vientre ondulante, vibrante, mágico y majestuoso, en todos los lugares donde había almas se escuchó el eco ancestral de la creación.

Sin conocerse, atendiendo al llamado divino, las mujeres le dieron movimiento a sus caderas, sus cuerpos se convirtieron en la manifestación directa del amor a la vida y empezaron a bailar.

Algunas descubrieron los secretos escondidos en su propia naturaleza y se unieron a otras para danzar al compás del mundo.

Otras enseñaron a sus cómplices, aquellos que las complementan que el baile era de todos y para todos, que uno de los más hermosos alimentos para el alma eran los movimientos.

Luego todos bailaban a la luz del sol, cuando venía la luna llena, bailaban para bendecir los frutos de la tierra y los frutos de su propio amor, bailaban para despedir a los que iniciaban el largo viaje de la vida o para fortalecer una unión.

Y bailando siguió girando el mundo, bailando también pasó el tiempo y a medida que pasaba todos los seres empezaron a olvidar. Primero olvidaron lo que necesitaba el cuerpo para más tarde olvidar lo que necesitaba el alma.

Los hombres se empezaron a olvidar de las mujeres sagradas y las mujeres se olvidaron de mover sus vientres, todos olvidaron el caldero mágico donde empezaron sus vidas y la noche oscura cayó.

El tambor no volvió a sonar, el viento no pasó de nuevo por entre los árboles, la llama se extinguió.

Pero aún así la fuente eterna de la vida es sabia y dejó guardado en una pequeña caja dentro de sus inconscientes un destello de luz, el recuerdo de un sonido lejano, la sensación de un movimiento perdido para que todo aquel que quisiera pudiera encontrar el camino de regreso a casa.

Y así a la luz de un nuevo día algunos empezaron a recordar, los hombres encontraron de nuevo a la mujer sagrada y las mujeres movieron de nuevo sus vientres.

Iniciaron de nuevo la transformación a una nueva vida.

Mientras que todos aquellos que iban recordando, encontraron de nuevo el camino a la hermosa danza de la creación.

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